Miles de turistas arriban a nuestro país cargados de
una enorme necesidad de descubrir.
Sí; Argentina sigue siendo tierra para el descubrimiento,
y que mejor que montarnos en una motocicleta y atravesar toda
su extensión deslumbrándonos con las vastísimas
bellezas de la Argentina.
Desde este sitio descubra todo lo que necesita saber para internarse
en las entrañas de nuestro país a bordo de una
motocicleta.
EL VIAJE
DEL CAMBIO - ERNESTO "CHE" GUEVARA.
El mototurismo, sin lugar a dudas cobra un especial valor a
partir del más emblemático de los motoviajeros,
Ernesto Guevara Lynch, El Che. Indiscutiblemente hay un antes
y un después para descubrir Argentina en moto, mucho
mas aún desde el no lejano estreno de "Diarios
de motocicleta".
El viaje de Guevara y Granados se gestó en 1951 y cobró
movimiento en diciembre de ese año. Abarcó varios
países de América latina y, producto de la simultaneidad
que a veces adoptaban los procesos objetivos y subjetivos, fue
también el viaje que empezó a transformar a un
muchacho rebelde y aventurero en un personaje que incidió
en la historia contemporánea.
La primera faceta deportiva del periplo la aportó la
motocicleta, llamada La Poderosa II, que sirvió
de transporte a los dos amigos. Como motociclistas anduvieron
hasta el Sur argentino y desde allí, marchando hacia
el Norte, hasta Santiago de Chile. No era un tránsito
sin dificultades: "Nuestra moto marchaba con parsimonia,
demostrando sentir el esfuerzo exigido, sobre todo en su carrocería,
a la que siempre había que retocar con el repuesto preferido
de Alberto, el alambre. No sé de dónde había
sacado una frase que atribuía a Oscar Gálvez:
'En cualquier lugar que un alambre pueda reemplazar a un tornillo,
yo lo prefiero, es más seguro'. Nuestros pantalones y
las manos tenían muestras inequívocas de que nuestra
preferencia y las de Gálvez andaban parejas, al menos
en cuestión de alambre". Luego la moto se rompió
y sus tripulantes tornaron en caminantes.
El viaje también marcó el regreso al fútbol
de Ernesto Guevara. La primera vuelta se produjo en el norte
de Chile. "Allí - relató - nos encontrábamos
con un grupo de camineros que estaban en una práctica
de fútbol, ya que debían enfrentarse a una cuadrilla
rival. Alberto sacó de la mochila un par de alpargatas
y empezó a dictar su cátedra. El resultado fue
espectacular: contratados para el partido del domingo siguiente;
sueldo, casa, comida y transporte hasta Iquique. Pasaron dos
días hasta que llegó el domingo jalonado por una
espléndida victoria de la cuadrilla en que jugábamos
los dos y unos chivos asados que Alberto preparó de modo
de maravillar a la concurrencia con el arte culinario argentino".
Después hubo más fútbol en un leprosario
del Norte peruano, en la ciudad de San Pablo. Allí, junto
a Granados, jugó con los leprosos, en una búsqueda
terapéutica para distraer a los internos. Granados evoca:
"Siempre me acuerdo de la canchita de San Pablo porque
era maravillosa. Estaba rodeada de árboles, era cortita
y ancha. Jugábamos contra los leprosos y contra los sanos,
que eran dos equipos".
La acción de las canchas siguió en Machu Pichu.
Escribió Guevara: "En las ruinas nos encontramos
con un grupo que jugaba fútbol y enseguida conseguimos
invitación y tuve oportunidad de lucirme en alguna que
otra atajada por lo que manifesté con toda humildad que
había jugado en un club de primera de Buenos Aires con
Alberto, que lucía sus habilidades en el centro de la
canchita, a la que los pobladores del lugar le llaman pampa.
Nuestra relativamente estupenda habilidad nos granjeó
la simpatía del dueño de la pelota y encargado
del hotel que no invitó a pasar dos días en él".
El retorno más integral ocurrió poco después.
Fue en la ciudad de Leticia, en Colombia, donde Guevara y Granados
procuraban encontrar una manera transitoria de sobrevivencia
económica. Afirmando su derrotero de hombre de circunstancias
asombrosas, al futuro Che esa vez lo auxilió el prestigio
del fútbol argentino. "Lo que nos salvó -
apuntó en su diario de viaje - fue que nos contrataron
como entrenadores de un equipo de fútbol, mientras esperábamos
avión, que es quincenal. Al principio, pensábamos
entrenar para no hacer papelones, pero como eran muy malos nos
decidimos también a jugar, con el brillante resultado
de que el equipo considerado más débil llegó
al campeonato relámpago organizado, fue finalista y perdió
el campeonato por penales. Alberto estaba inspirado, con su
figura parecida en cierto modo a Pedernera y sus pases milimétricos,
se ganó el apodo de 'Pedernerita', precisamente, y yo
me atajé un penal que va a quedar para la historia de
Leticia." También en Colombia, los dos aventureros
tuvieron un encuentro cálido con Alfredo Di Stéfano,
uno de los mejores futbolistas argentinos de la historia.
"Durante el viaje usábamos mucho el fútbol
para entrar en contacto con la gente", resume Granados.
Les resultó una buena fórmula.
El viaje sumó actividades deportivas todo el tiempo.
Hubo un partido de básquetbol contra militares en Perú
y decenas de caminatas que pusieron a prueba el cuerpo. También
un cruce a nado del río Amazonas, a la altura del brazo
próximo al leprosario de San Pablo. Ese día Guevara
cumplía veinticinco años. Celebró a su
modo. "Ese vagar sin rumbo por nuestra Mayúscula
América me ha cambiado más de lo que creí",
redactó en sus notas de viaje. Faltaban pocos años
para que el mundo se enterara del cambio.